El pasado miércoles fue mi cumpleaños y algunos amigos me hicieron unos emocionares regalos, que os dejo para que los disfrutéis todos.
La espera
El pasado miércoles fue mi cumpleaños y algunos amigos me hicieron unos emocionares regalos, que os dejo para que los disfrutéis todos.
La espera
Como sabéis, el pasado sábado se celebró la II Macroquedada Microrrelatista. En el sorteo de micros tuneados, yo me llevé una maravilla que hizo Marina de la Fuente con sus propias manos.
El proceso de fabricación lo podéis ver en su blog.
Como agradecimiento, he decidido devolverle su micro en versión video. Espero que te guste, Marina.
Mi hija no quiere ir a casa de su abuela y pide que la deje sola en la nuestra.
—Ni hablar, todavía eres muy pequeña.
—Y el año que viene, ¿podré? —pregunta esperanzada.
—Depende —la chantajeo—; ¿sacas buenas notas?
—¡Sí, en todo! —responde con orgullo, aunque enseguida matiza—: Bueno, en todo menos en lo de no hablar…
Mi hija y yo jugamos las muñecas. Ella maneja una muñeca y yo, a su novio.
—Ven novio mío, ven conmigo a la cama.
—¡Hija —respondo, de verdad, escandalizado—, pero qué cochina eres!
Mi hija me mira sorprendida por mi reacción y responde con cautela:
—Jo, papá, si no me huelen los pies ni me tiro pedos en la cama…
Un huracán en la otra parte del mundo nos produce, pasado el tiempo, apenas un estremecimiento en el corazón, leve como aleteo de mariposa.

En la casa del león, en la calle del pez, cuarenta escritores comen juntos. A los postres, se apaga la luz , se oye un grito y cuando se restablece la corriente encuentran el cuerpo de uno de los escritores derrumbado sobre la mesa con un tenedor de postre clavado en la espalda.
Treinta y nueve escritores miran en silencio el cadáver. Lentamente todos sacan un bolígrafo de alguna parte y se ponen a escribir en el mantel.
—Sería fabuloso que las personas pudieran atravesar coches y los coches, a las personas —dice mi hija mientras esperamos a que se ponga verde el semáforo.
—¿Por…? — contesto desconcertado y sin saber con qué fin lo dice.
—Porque así no harían falta semáforos en ninguna parte. Bueno, salvo para que sus luces sirvieran de adorno.
Anoche, en una calle oscura de París, fue hallado el cuerpo de un hombre con el corazón destrozado. Los investigadores le interrogaron de inmediato y declaró que su pareja había roto con él aquella misma noche por «no sé, un impulso repentino».
Entretanto, en Roma, las autoridades han detenido a un hombre que, con una ganzúa, trataba de abrir el candado que había cerrado con su pareja en el puente Milvio. «Ahora que me ha dejado, ¿qué sentido tiene?», declaró mientras se lo llevaba la policía. Las autoridades municipales han indicado que el hombre no tenía muy claro cuál era su candado y estaba forzándolos al azar.
Mis dos hijas se enredan en una pelea muy sonora en el salón. Desde la cocina, escucho el jaleo y acudo corriendo. Las separo y me dirijo, severo, a la mayor, que de momento es la única que sabe hablar:
—¿Tienes algo que decir antes de que os castigue a las dos?
Mi hija me mira muy seria, se sorbe los mocos y replica, masticando las palabras:
—Sí, que luego no empieces con eso de que nos demos besos y abrazos.