Noticia de regalos recibidos

El pasado miércoles fue mi cumpleaños y algunos amigos me hicieron unos emocionares regalos, que os dejo para que los disfrutéis todos.

 

Rocío Romero

La espera

Mis hermanos y yo jugamos en el templo todos los días. Ellos, tan iguales que dan miedo, me siguen entre los bloques con un fervor incuestionable. Aunque a menudo me preguntan dónde están todos, otras veces sólo saltan desde los dinteles, silban con fuerza o embisten sin mirar en mitad de las tormentas. Los dejo hacer un rato, son tan pequeños que me pregunto por qué los escogieron, qué pudo haber ido mal.  Por fin, les recuerdo a gritos que estamos allí para proteger los círculos, no para derribar las piedras. Siempre acabamos corriendo a empujones, desatando ese aburrimiento de siglos que se arrastra entre la hierba hasta que lo vemos huir. Después llega la fuerza, el viento sopla a través de nuestros dedos, y entre los labios, y llueve, empieza a llover a mares.
Mis hermanos y yo jugamos siempre. Sólo yo parezco preocupado. A veces cuento las piedras exteriores o mido los pasos de la avenida, me siento en el punto más alto y escucho todas las voces, las de todos los tiempos. Trato de hacerlo bien y cuando llega el solsticio, me siento en el centro de cara al sol y espero por si vuelven a buscarnos, por si lo hemos conseguido, por si creen que ya merecemos descansar.
Edades
Fernando mira el espejo. Detrás de cada arruga hay una sonrisa, una emoción, una vivencia. En sus ojos todavía intuye al niño de las rodillas peladas, la mala letra y el miedo al profe de dibujo.
No soy viejo —se dice— solo tengo por delante una década más para llenarme la cara de vida.
El tiempo pasa
 Camina imparable. Destruye todo lo que pasa bajo sus pies sin contemplaciones. Corro desesperadamente para que no me alcance. Alegrías, tristezas, miedos, frustraciones y enfados se hacen añicos tras su paso. Se acerca. No puedo más.
Ya no hay nada.

Intento de retunear un micro tuneado

Como sabéis, el pasado sábado se celebró la II Macroquedada Microrrelatista. En el sorteo de micros tuneados, yo me llevé una maravilla que hizo Marina de la Fuente con sus propias manos.

El proceso de fabricación lo podéis ver en su blog.

Como agradecimiento, he decidido devolverle su micro en versión video. Espero que te guste, Marina.

No se agotan las palabras

Mi hija no quiere ir a casa de su abuela y pide que la deje sola en la nuestra.
—Ni hablar, todavía eres muy pequeña.
—Y el año que viene,  ¿podré? —pregunta esperanzada.
—Depende —la chantajeo—; ¿sacas buenas notas?
—¡Sí, en todo! —responde con orgullo, aunque enseguida matiza—: Bueno,  en todo menos en lo de no hablar…

La edad de la inocencia

Mi hija y yo jugamos las muñecas. Ella maneja una muñeca y yo, a su novio.

—Ven novio mío, ven conmigo a la cama.

—¡Hija —respondo, de verdad, escandalizado—, pero qué cochina eres!

Mi hija me mira sorprendida por mi reacción y responde con cautela:

—Jo, papá, si no me huelen los pies ni me tiro pedos en la cama…

En la casa del león, en la calle del pez

En la casa del león, en la calle del pez, cuarenta escritores comen juntos. A los postres, se apaga la luz , se oye un grito y cuando se restablece la corriente encuentran el cuerpo de uno de los escritores derrumbado sobre la mesa con un tenedor de postre clavado en la espalda.

Treinta y nueve escritores miran en silencio el cadáver. Lentamente todos sacan un bolígrafo de alguna parte y se ponen a escribir en el mantel.

Cruces de caminos

—Sería fabuloso que las personas pudieran atravesar coches y los coches, a las personas —dice mi hija mientras esperamos a que se ponga verde el semáforo.

—¿Por…? — contesto desconcertado y sin saber con qué fin lo dice.

—Porque así no harían falta semáforos en ninguna parte. Bueno, salvo para que sus luces sirvieran de  adorno.

Sacré Coeur

Anoche, en una calle oscura de París, fue hallado el cuerpo de un hombre con el corazón destrozado. Los investigadores le interrogaron de inmediato y declaró que su pareja había roto con él  aquella misma noche por «no sé, un impulso repentino».

Entretanto, en Roma, las autoridades han detenido a un hombre que, con una ganzúa, trataba de abrir el candado que había cerrado con su pareja en el puente Milvio. «Ahora que  me ha dejado, ¿qué sentido tiene?», declaró mientras se lo llevaba la policía. Las autoridades municipales han indicado que el hombre no tenía muy claro cuál era su candado y estaba forzándolos al azar.

Siempre es lo mismo

Mis dos hijas se enredan en una  pelea muy sonora en el salón. Desde la cocina, escucho el jaleo y acudo corriendo. Las separo y me dirijo, severo, a la mayor, que de momento es la única que sabe hablar:

—¿Tienes algo que decir antes de que os castigue a las dos?

Mi hija me mira muy seria, se sorbe los mocos y replica, masticando las palabras:

—Sí, que luego no empieces con eso de que nos  demos besos y abrazos.