Never sick of you, anyway…
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ReC x2
CAMINOS
Y al otro lado de la ventana, nada de nada, y a este tan solo yo, que imploraba tu perdón. Pudiste habérmelo concedido, luego abrazarme sin temor y mirar al vacío con desdén, pero preferiste hacerlo al revés.
ReC x1
QUISIERA SER UN PEZ
Y al otro lado de la ventana, nada de nada, solo un póster de Marilyn que su madre olvidó llevarse cuando vino a recoger su ropa y los libros de derecho. Y entre su ventana y la mía, un patio de luces en el que atrona una bachata. A veces, por la noche, me parece ver su luz encendida y me asomo; otras, creo escuchar un estruendo en el patio y escondo la cabeza bajo la almohada.
Ójala suene ahora algo de Juan Luis Guerra. Pero esa canción no, mejor la del café.
Al soldado desconocido
Antidepresivos enlatados
«Lo malo de las latas de sardinas —decía cada vez que comíamos paella— es que los peces están muertos. Sería estupendo tirar de la tapa y que tres sardinas salieran botando y tuvieras que atraparlas, entre risas». Él mismo se echaba a reír cuando lo contaba, quizás para desviar mi atención mientras escondía las cabezas de las gambas debajo de una servilleta, aunque yo ya sabía que lo hacía porque no podía soportar esas miradas.
Folclore
Viernes me trajo una especie de pollo que había cazado en la isla y yo me propuse marinarlo al estilo de las tabernas de Dover. Montamos una mesa con lo que rescatamos de un naufragio y pusimos un mantel hecho de hojas de palma. A Viernes le hizo gracia sentarse a la mesa a la manera civilizada, pero miró con reparo la comida, quizás demasiado hecha para su gusto.Al ver que yo empezaba a comer, tomó el muslo que le había tocado, separó la carne del hueso y con cuidado apartó las venas negras que fueron apareciendo. Cuando la carne quedó limpia, se olvidó de ella y comió las venillas con gran deleite. Yo observaba fascinado sus costumbres, pero me repugnaron cuando descubrí que, además, era caníbal.
* * *

El paciente
Ese maravilloso viaje que le habían prometido fue de mal en peor. Debido a una huelga, el autobús salió tres horas tarde. No se enfadó. Le tocó como compañero de asiento un tipo grande al que el aliento le olía a cebolla y que no dejaba de hablar. Ni rechistó. Tardaron hora y media en salir de la ciudad por el atasco del viernes tarde. Aguantó sin quejarse. Pero cuando estaban a punto de llegar al sanatorio mental se le pasaron los efectos de los sedantes y volvió a sentir ganas de matar a alguien.
Parábola del presente
Mis hijas suelen pelearse a menudo. La pequeña es muy reacia a darle besos a su hermana, aunque amenacemos con castigarla. Pero hoy es un buen día y juegan juntas: la mayor hace de perro y la pequeña la pasea por la casa, atada del cuello con una de mis corbatas. De vez en cuando, la pequeña acaricia la cabeza de su hermana y hasta le da besos y abrazos. Al rato, mi hija mayor se acerca y me dice, un tanto decepcionada:
—Mi hermana me trata mejor de perro que de ser humano.
La fuga (micro tramposete)
Logra despistarlos y escabullirse dentro de un baño del aeropuerto. Echa el pestillo, extrae una maquinilla de la mochila y se afeita la barba. Luego se cambia la ropa, se pone unas gafas negras y despliega un bastón blanco. Toma aire y sale de nuevo a la terminal.
Cuando se acerca a la salida los ve junto a la policía. Entonces, alguien le agarra del brazo: solo es un viajero amable que, sin querer, mejora su disfraz.
Al pasar delante de ellos, comprueba que su mujer no lo ha reconocido, pero juraría que su hijo le ha guiñado un ojo.
Opresión
Un hombre abre la ventana de la oficina. Se asoma y cincuenta plantas más abajo ve un asfalto gris y vacío hacia el que convergen todos los edificios. Se gira y cincuenta plantas más arriba ve un cielo gris y vacío hacia el que convergen todos los edificios.
No sabe hacia qué lado suicidarse.

