
ReC
COLONIZACION
Se entrenaban para estar muertos a la manera clásica y pasearse pálidos, solemnes y silenciosos por los salones del castillo a la hora del té o cuando los señores escuchaban las noticias de la noche en la BBC. Si lograban estremecerlos o les advertían un temblor nervioso mal disimulado, se sentían satisfechos.
Un día, unos americanos compraron el castillo y trajeron sus propios fantasmas, unos espectros vulgares y mal vestidos que lo llenaron todo de sangre, miembros amputados y gritos insoportables, y que acabaron por desterrarlos al sótano.
Ahora solo se atreven a salir cuando los invasores se van de fiesta la noche de halloween.
El chopo
DESHECHOS
Vidal es un chico valiente y audaz. Muchas veces su madre lo mira encaramarse a las tapias y piensa:«Hay que ver lo decidido que es», pero su padre, que es sabio, replica: «Esa manía de trepar por todas partes un día nos dará un disgusto…». En el pueblo dicen que nunca pisa el suelo cuando va de casa a la escuela y que es más fácil encontrarlo en los tejados que en las aceras.
Un día de julio, los chicos del pueblo están a la sombra del frontón hablando sobre cómo hay que ligar con las chicas. Unos dicen que hay que decirles palabras bonitas, otros que hay que agarrarlas fuerte al bailar para que la noten. Vidal, que sigue la conversación desde lo alto de la pared lateral y que, además de audaz, es astuto y un poco chulo, dice:
—Para ligarse a una chica no hace falta tocarla ni hablar con ella.
—¿Ah, sí? —le dicen un poco hartos de su chulería—, pues a ver si te ligas así a la hija del médico.
—¿A esa? —responde Vidal extrañado— ¡Pero si es una cría!
—¡No, ababol! A Susana, la mayor.
Susana es la chica más guapa del pueblo, tan guapa que parece que sea de otro sitio. Vidal acepta el reto y se queda en silencio, pensando.
Un par de semanas después, como todos los años para agosto, los quintos le piden a Vidal que les acompañe al río a elegir un chopo para plantarlo en la plaza durante las fiestas. Vidal es el que siempre elige los chopos porque es el único que trepa hasta la copa. Para sorpresa de todos, este año elige un chopo joven y delgado.
HECHOS
En el sopor chicharrero de una tarde de agosto se alza de repente la voz de un muchacho: «Si os quedáis todos donde estáis, me veréis subir al cielo.» «Vale», responden los que juegan a las cartas, los que conversan fumando, los que dormitan casi por vicio, el resto de chavales. Y entonces, Vidal se encarama al joven chopo y comienza a trepar por él. Pronto se nota, sin embargo, que el arbolito no lo va a sostener pues se curva peligrosamente. Pero esto no parece importarle: él sigue avanzando, ya en horizontal; y ahora más bien resbalando por el ápice hasta que se posa en el suelo, con suavidad, justo delante de Susana. Suena enseguida el zurriagazo del chopo al volver a su posición natural y el esperable reproche de todos: «¿No decías que ibas a subir al cielo?» Silencio y sonrisa en los ojos del muchacho. Ahora, también, en los de ella.
CONTRAHECHOS
El padre de Vidal era sabio. A Vidal se lo llevó una volada de aire en Barcelona cuando trabajaba sin arnés en lo alto de una grúa. Susana se enteró muchos años después cuando vino desde Nueva York para el entierro de su padre. En el vuelo de regreso pensó en lo que habría sido de su vida si Vidal, después de lo del chopo, le hubiera dicho algo o hubiera intentado besarla.
(de la serie Fuentes y Jardines)
Mi pueblo
En mi pueblo, como en todos, los cielos son azules y los prados verdes. En mi pueblo, como en todos, las mozas están más guapas para la primavera y a los viejos les gusta el vino fresco. En mi pueblo, como en todos, los ricos cada vez son más ricos y lo pobres cada vez tienen más hambre.
Dentro de poco nos mataremos unos a otros en otra guerra. Lo sé porque los niños ríen menos y los viejos dicen que esta cosecha salió amarga.
En mi pueblo, las madres lloran cuando entierran a sus hijos. Como en todos.
***
Este relato participó en el Concurso de relatos en 99 palabras que organizó Miguel Ángel Molina (¡gracias, Miguel Ángel!). No logró ningún premio.
Mis votaciones fueron, de mayor a menor puntuación para los relatos Oleaje, Elefante sobre un nido de ratas, Buenas costumbres, La presa y Consulta popular.
Vítreo
Cuando mamá asaba un cordero, a papá le servía la cabeza. Yo sentía náuseas al verlo roer el cráneo y no podía evitar soltar un chillido cuando metía la cuchara debajo del ojo, lo sacaba y se lo comía, pero mi hermana Marta observaba esas maniobras con curiosidad, como si de ello pudiera aprender algo.
Una nochebuena papá la castigó y no vino con nosotros de paseo. Cuando regresamos, la encontré en la cocina, afanada en extraer los ojos de un cordero. Luego los pinchó con un alfiler, los aplastó y extendió el líquido pardo por el hule. Sonreía absorta.
Bibioteca Celsius: Wilt, de Tom Sharpe
The doll days
Siempre que Eva se marchaba a Londres a pasar una temporada con las cuatrillizas, Henry Wilt no podía evitar sentirse melancólico. Los primeros días de soledad los aprovechaba para ponerse al día con sus lecturas, cuadrar los extractos bancarios, adecentar el jardín y tomar una pinta con los antiguos compañeros de docencia que aún no habían muerto o se habían retirado a la Costa del sol. Pero en cuanto se quedaba sin tareas, se pasaba los días de su jubilación sentado en su casa, mirando la tele y recordando los viejos tiempos o, como Eva decía cuando quería herirlo, los días de la muñeca. (1)
Aquella tarde veía en la BBC una retransmisión en directo de los incidentes entre la policía y jóvenes de Occupy London y enseguida se acordó de sus alumnos, en especial de los de Carne 1, que le habían proporcionado conocimientos de tanta utilidad como técnicas para aguantar un interrogatorio, fabricación de cerveza casera o cómo estafar a tu banco. Pero otra lección aprendida de Carne 1 era que no había que sobreestimar al ser humano, por lo que imaginó que en esos momentos muchos de sus antiguos alumnos estarían vomitando en la parte de atrás de un pub o en la cárcel por robo o quién sabe si no algo peor. Este hilo de pensamientos le llevó hasta Flint y se preguntó qué sería del inspector.
De repente, algo de lo que salía en la tele captó su atención.«Pero, ¿qué cojones…?», exclamó, plenamente consciente de que Eva no podía recriminarlo por la palabrota. Siguió atento a la pantalla unos minutos mientras la ira crecía en su interior. Cuando el foco de la retransmisión cambió de lugar, se levantó, cogió una chaqueta, dinero de un cajón, las llaves del coche y salió de casa mascullando.
En la comisaría central de Scotland Yard, el Inspector Flint también estaba melancólico. Tras muchos años, había logrado el traslado a Londres, pero ahora se aburría soberanamente. Sentado a su mesa, repasaba una lista de chatarrerías presuntamente relacionadas con el robo de cable de cobre del sistema de iluminación de la City, un trabajo que no le hacía sentir emoción alguna. Desde que había llegado a Londres, había estado rozando la depresión y el alcoholismo en varias ocasiones, por lo que sus superiores le habían asignado como ayudante al sargento Yates con la esperanza de que un viejo camarada le ayudara a remontar el vuelo, pero no fue así. Ellos no lo sabían, pero Flint llevaba tiempo convencido de que a quien de verdad echaba de menos era a Henry Wilt. Ese tipo era como un cable de alta tensión dando latigazos sobre un suelo mojado: si no andabas con ojo te podía matar, ¡pero era tan divertido intentar pescarlo! En ese momento, el sargento Yates lo sacó de su ensoñación:
—Quizás deberíamos incluir en la investigación del cable a esas jóvenes, inspector —dijo jovial sin dejar de mirar la pantalla de la televisión en la que cuatro mujeres desnudas y con el culo decorado con eslóganes contra la policía y el gobierno trataban de encadenarse a una farola.
Un policía antidisturbios trataba de impedírselo cuando una mujer mayor apareció a su espalda y lo derribó de un solo golpe con lo que parecía una señal de tráfico con un pene dibujado y la leyenda «menos porras y más pollas».
Como un resorte, Flint abrió el cajón del escritorio y cogió su placa, pero dejó a propósito su pistola. Salía ya por la puerta del despacho, cuando Yates dijo:
—Dios santo, ¿esa no es…?
Flint sonrió: si, como parecía, esa era Eva, no tardaría mucho en aparecer Henry Wilt.
(1) Juego de palabras: Henry dice «old days» (viejos tiempos), en tanto que Eva dice, como burla, «doll days» (días de la muñeca). Nota del traductor.
Esto es lo primero que escribí para el proyecto de la Biblioteca Celsius, pero luego me di cuenta de que no cumplía con las exigencias del proyecto puesto que esto no es Wilt, sino el primer capítulo de una secuela inventada. Así que escribí un proyecto de Wilt que no he podido terminar a tiempo para el día del libro y que trataré de dejar listo esta semana.Muertos vivientes
En un pueblo que se llamaba Visavis nadie sonreía. Sus habitantes vagaban por las calles pegados a las paredes, levantando polvo al arrastrar los pies y gruñendo en voz baja. Se miraban de reojo unos a otros con miedo y tensaban todo el cuerpo cuando percibían algún movimiento brusco. De vez en cuando, alguno caía: entonces, los demás se abalanzaban sobre él y se disputaban su mendrugo.
Al principio, comenzaron llamándolo ajustes.
Canción de amor juvenil
Su padre nos abre la puerta, pero Sara no le da tiempo a que nos diga nada y me arrastra de la mano a su habitación. Mientras subimos las escaleras, oímos a su padre gritar mientras su madre llora con la cabeza entre las manos. Sara cierra la puerta de su habitación con llave y se tumba en la cama hecha un ovillo.
Yo me quedo de pie sin saber qué hacer. Sé que en la clínica no me he comportado como ella esperaba. Sara tiembla sobre la colcha y, desde la pared, James Dean me sugiere que me acerque a ella. Me tumbo a su lado y la abrazo, le acaricio el pelo, los brazos y sus mejillas húmedas, todo menos su vientre oscuro y profundo, todavía hinchado pero ya vacío.
ReC premonitorio
Recortes sociales
«Este gordo ocupa mucho lugar», se queja un anciano de su compañero de asiento. Al fondo del bus, dos viejos con sonotone conversan a gritos. Pero lo peor son los cantos regionales. No falla: en cada viaje de Programa de Mayores contra el Déficit Público, los jubilados cantan. Desde su asiento, la guía pide un poco de silencio a los de las sevillanas, pero no callan. Se consuela al pensar que en unos minutos ella se bajará y dos o tres curvas más adelante el conductor despeñará el autobús por un barranco. Y vuelta a empezar. El grupo de mañana es de Teruel. Toca jotas.
Este micro participó hace casi casi un año en ReC. La noticia que enlazo abajo es de ayer.
Pronostico euromillones. Interesados, mandar email
beatless to stones
You can´t buy me love
—¿Mamada, follar…? — pregunta al bajarse la ventanilla.
El chico saca un billete pequeño de la cartera.
—Eso solo paja.
Cualquier otro día se hubiera dado la vuelta, pero no hay clientes y hace frío. Coge el billete, entra en el coche —el chico ya se ha bajado los pantalones— y comienza a masturbarlo despacio, pero sin gracia, con la mano izquierda. De vez en cuando , desempaña el parabrisas con la derecha para ver si aparecen otros clientes —el chico le pone la mano en la nuca y trata de que se la chupe, pero ella se zafa— y sigue meneándosela sin interés.
Cuando ve aparecer un coche que entra despacio por el camino, aviva el ritmo —el chico se queja del cambio— hasta que nota que ha terminado y sale del coche hacia el nuevo cliente.
Camina sobre la grava y el sonido de sus pasos le trae recuerdos de la tierra rojiza donde nació. Mientras se acerca al otro coche, coge una toallita del bolso y se limpia.

